Hay personas que nunca se disculparán por lo que hicieron.
Pero sí se sentirán cómodas culpándote por cómo reaccionaste.
Este vídeo habla de una dinámica muy común y poco nombrada: no reparar el daño, no asumir responsabilidad y, aun así, señalar la respuesta de quien tuvo que sobrevivir a lo ocurrido.
No es que tu reacción fuera el problema.
Fue la consecuencia.
Aquí no se justifica el daño ni se idealiza la calma forzada.
Se pone contexto a algo importante: culparte es una forma de no mirarse.
Entender esto no cambia lo que pasó,
pero sí puede devolverte algo esencial:
claridad.
Y desde la claridad,
empieza la calma que otros nunca quisieron asumir.